Caos

Y ahí me vi otra vez, inmersa en el caos que provocan tus caricias, precedidas de miradas al alma y prosa directa abocada al delirio.

No creo ser merecedora de nada y aún así, cada día alabas mis bondades, descubriendo en mi cualidades escondidas o imaginadas, depende de los ojos que me vean, no sólo me miren.

Explosión de emociones incontrolables que atamos con un pacto, pues prefiero perder pasión (quizás) fugaz que ganar en dolor irreparable.

Llamarme egoísta o cobarde, pero la impulsividad sin medida nunca ha sido mi aliada, y desde la madurez de los años y los golpes dados y recibidos, me impiden encomendarme al primer Santo que prometa felicidad eterna, pues la felicidad que me preocupa no es la propia, sino la que puedo impedir en el camino.

Dudo en ser la mejor ni la más adecuada, no profeso ser perfecta ni pido perfección, sólo un amor libre, puro y maduro, basado en el respeto de la individualidad y de mejorar la vida del otro; en la sencillez de los actos reside el triunfo de la prosperidad.

Confieso temor al error, a perder y hacer perder, a no saber equilibrar “corpus et mente”, al destiempo en decisiones con las que nos jugamos un par de vidas.

Lo puedo prometer todo y espero poder cumplir parte, pues hay condiciones que escapan de la voluntad, voluntad mermada cuando se trata del corazón.

Y ahí me vi otra vez, en la lucha incansable conmigo misma, compañera y enemiga en la ardua batalla del vive y deja vivir.

Thelma Castro

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