Viaje por Europa con Interrail

Hemos pasado 10 días dando vueltas por Europa. Concretamente por Inglaterra, Noruega, Suecia, Dinamarca, Alemania, Berlín y Holanda, en ese orden, con un pase de Interrail (si, de tren en tren). No es la manera más rápida ni cómoda de viajar, pero sí la más bonita, de otra manera no podrías disfrutar del paisaje.

Os haré un pequeño resumen de mi experiencia:

El viaje empezó con avión hasta Londres, hacíamos escala de 24h y cogíamos otro avión hacia Oslo. Nos estafaron en el hotel de Londres (más que nada porque no había hotel y nos llevaron al barrio de La Mina londinense) y por culpa de eso no vimos Londres, pero ya fui y volveré. Lloramos un poquito, nos cogimos el metro hacia el centro y en un Starbucks me conecté a internet y encontré el hotel donde finalmente nos alojamos. Estuvimos a puntito de volvernos a casa ese día.

Los más educados y amables son los noruegos, con diferencia. Sus trenes también son los mejores: llegan mínimo 15 minutos antes de su hora y son muy cómodos. Lo peor que tienen es la comida y el dineral que cuesta todo: Una botella de agua cuesta 5€, así que llevaros cantimplora. Me pedí un bocadillo en el tren de camino a Bodo (pasado el círculo polar ártico), aparentemente normal, de gambas y mayonesa, pero dentro del bocadillo le ponen limón y anís en hierba.

En Suecia no está mucho más barato, y la gente es más seca. Pero Estocolmo es muy bonito. Aquí también les gusta fastidiar bocadillos.

Un señor me pegó un empujón en la estación para que le dejara pasar… claramente, no son noruegos. Lo que no sabía es que mi mochila pesaba 10 kilos y podría haber muerto en ese momento.

Llegamos a Dinamarca, concretamente a Copenhague. Hacía mucho viento y mucho frío, seguramente más que en Oslo. Aquí hay más bicicletas que personas. Es una ciudad igual de bonita que Estocolmo, pero menos cosmopolita.

Seguidamente, nos fuimos a Berlín (Alemania) y nos encontramos en la estación con un grupo Hooligan de algún equipo de fútbol (las bufandas eran amarillas y negras), daban un poco de miedo y la gente es muy seria y te ayudan muy poco. Nos costó unas horas entender el funcionamiento del metro, dónde paraba, etc., pero cuando lo conseguimos no nos hizo falta llorarle a nadie y nos sentimos fuertes (lo puto Hulk).

Llama la atención como los alemanes te intentan vender la historia de 1939 y cómo omiten las atrocidades de esos tiempos, como si no hubiera existido. Cuando vas a visitar lo que queda del muro de Berlín, el cementerio judío de justo enfrente y los pequeños indicios que aún quedan, entiendes por qué les da vergüenza y quieren que se olvide.

Los alemanes se complican mucho para todo. La única parada de metro que consigo recordar y que soy capaz de nombrar, a mi manera, es: Hallesches.

Dirección Ámsterdam: Ciudad que me encantó, preciosa. Sus canales, sus casas, su iluminación… una ciudad muy bonita. Eso sí, huele a marihuana de día y de noche, te colocas con sólo respirar. Compré algo típico como recuerdo: Una tableta de chocolate con cannabis y té de cannabis (no, no pienso comprar un imán de nevera).

Por la noche me recordó mucho a Lloret, sólo que con prostitutas en las ventanas del Barrio Rojo (si lo buscas en Google Maps te pone “The Green house”). El ambiente es curioso, y eso que paseamos por ahí a las 19.30 de la tarde, cuando no estaba en todo lo alto.

Aquí también hay más bicicletas que personas.

Y, por último, y por culpa de un traspiés en las reservas del tren Ámsterdam – París Nord – Girona, nos cogimos un tren Ámsterdam- Bruselas – París y de ahí un autobús a Gerona (15h en autobús… dos días después, aún me duele el culo del asiento y la rodilla izquierda de la posición, la edad no perdona).

Anécdotas del viaje:

  • Un trabajador del metro de Londres, justo después de la estafada que nos pegaron, nos quiso buscar un hotel y le dijimos que no, que queríamos volver al centro de Londres (concretamente a Hyde Park) y nos dejó pasar gratis al metro. Le dimos mucha pena porque ya estábamos llorando las dos. En general, hemos dado mucha pena por Europa.
  • En Oslo, fue llegar al metro para ir del aeropuerto al centro y se nos sentó al lado un chico de Alicante. Trabajaba en el aeropuerto; Muy majo, nos dio 4 consejos. También en ese metro, un señor se levantó de donde estaba para dejarnos más espacio a las dos y nuestras 2 mochilas.
  • En Suecia y Ámsterdam dormimos en un barco, estaban amarrados en los canales respectivos. En el barco de Suecia cenamos por primera vez como personas normales, los espaguetis a la boloñesa fueron caviar en ese momento.
  • En Dinamarca nos alojamos en un Bed & Breakfast que resultó ser un piso particular con 3 habitaciones. La dueña no paraba de hablar, parecía que había comido lengua, y Mónica le seguía el rollo. Yo quería desaparecer.
  • Por la mañana en Dinamarca, nos pegamos un almuerzo de buffet libre en el que acabamos por casualidad… casi lloramos de la emoción de ver tanta comida.
  • En Berlín conseguimos que dos personas, en diferentes días, nos ayudaran con las dudas en el metro. A la chica que nos ayudó el último día, Mónica le hizo el Velociraptor Becario como agradecimiento. Aquí la foto de muestra del velociraptor becario, que no vuela pero levita: sin-titulo
  • A Ámsterdam llegamos atardeciendo por culpa de la “puntualidad” alemana, así que nos cerraron el museo de Anna Frank y no pudimos verlo.
  • Cuando íbamos a coger el tren que nos tenía que devolver a casa, en Ámsterdam nos dijeron, en inglés, “Uy, hoy no hay trenes hacia Francia, están llenos, volver mañana” y volvimos a llorar porque:
  1. Nos quedábamos tiradas en Ámsterdam
  2. Nos estafaron 133€ con un coche de alquiler (habíamos pensado volver conduciendo hasta Girona).
  3. Mi tarjeta de crédito había dejado de funcionar
  4. Para el día siguiente no nos entraba ya el billete de interrail, por lo que hubiéramos tenido que pagar más de 150€ por volver a casa, y recuerdo que mi tarjeta no funcionaba.
  • Ya en París tuvimos problemas para encontrar la estación de bus donde teníamos que coger el nuestro, el que iba a Barcelona. Como reseña, comentar que hay 3 paradas de bus que se llaman igual.

Íbamos con el tiempo súper justo y aún podíamos perderlo, así que casi nos volvemos a poner a llorar.

Al final, en un bus regional, el autobusero nos ayudó a encontrar la estación, se paró fuera de parada para que lo tuviéramos a tiro de piedra y nos cerró la puerta principal para que entraran los pasajeros por detrás, y poder quedarnos nosotras en cabina. Gracias a él estamos hoy aquí (-.-).

En general fue una gran experiencia, aprendimos mucho y disfrutamos del viaje, aunque la próxima vez lo haré de manera más calmada, con un par de días mínimo por cada país.

Viajar te llena el alma y te ayuda a ordenar pensamientos y a ver la vida con perspectiva, da igual si es a Cáceres o a Tailandia, la cuestión es salir, vivir, crecer y volver.

Thelma Castro

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2 pensamientos en “Viaje por Europa con Interrail

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