Y sin venir, te fuiste

Nunca te has ido, pero ya no estás.

Perdí la idealización de la situación, sin más.

Busco la complicidad en tu mirada, ojos que ya no reconozco, confianza helada.

Kilómetros de distancia nos separan de los roces a centímetros, encontremos un punto intermedio para no caer en punto muerto.

Siempre pidiendo perdón sin razón, pero nunca uno de vuelta, aunque creo que al final te tendrás que condonar a ti mismo, pues tus muros acabarán encerrándote en un castillo de insatisfacción difícil de franquear.

Y yo acabaré yéndome, porque no creo que puedas imaginarte el dolor que creas con la indiferencia, abulia con partida incierta y destino directo al corazón, sin explicación sincera y sin razón.

Y si en algún momento vuelves a ser tú conmigo, te pido que cumplas alguna de tus palabras, como algo más o como amigos, pero que no pueda culpar al viento y tenerlo de enemigo.

Inmerecido desconcierto y esa sensación de pérdida interna. Me disipé.

Y cuando me vuelva a encontrar me iré, sin rumbo fijo y con tu leve recuerdo, que aprovecharé para perpetuar mi valía y que no necesito ningún enredo, porque el miedo conmigo se alía.

Thelma Castro

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