Al filo del fin del mundo

Profundos giros y vueltas que da la vida, asombrándote con cada tropiezo, con cada piedra y con cada éxito. Fugaz y repentina casualidad… ¿Por cuánto tiempo? No lo sé, sólo tenemos el ahora, el presente que incansable nos abruma con sutileza para que no vuelvas a ser el mismo. Ya no.

Despierta, arrancas de nuevo el vuelo. Te costará, será lento y quizás, sólo quizás, sea turbulento… pero cuando estés en el aire, rozando las nubes y acariciando el sol, sintiendo la suave brisa en tu rostro y lejos de todo aquello doloso, verás que no sólo valió el esfuerzo, sino que la recompensa es tan sufrida como merecida.

Y ahí estábamos, al borde del fin del mundo, que no parece nada pero es un inmenso remanso de pura belleza, salado de fondo y dulce cuando estás conmigo, porque tú eres pura miel con naftalina.

Roces discretos de manos, cada vez menos discretos. Una tímida sonrisa, una mirada furtiva, un baile despacito… respira, que te aceleras, y las prisas sin control nos desbocan a la perdición, y quiero que perdure.

A veces menos es más y lo demás, cuanto más sencillo mejor.

Que se detenga el mundo y las horas no cuenten que yo me bajo aquí, te espero en aquella misma calle dónde un día te conocí, y cuando vengas a buscarme, sea cuando sea, estaré justo aquí.

Thelma Castro

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